La economía ecuatoriana tiene un problema que no aparece del todo en las cuentas oficiales, pero que condiciona su crecimiento, su sostenibilidad fiscal y su tejido social: la informalidad.
Según el estudio ‘Impacto socioeconómico de la informalidad laboral en el Ecuador: Un análisis explicativo de sus determinantes y consecuencias’, basado en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otros organismos, la economía sombra o informal representa el 26,5% del Producto Interno Bruto (PIB).
En otras palabras, más de $1 de cada $4 que circulan en la economía ecuatoriana son informales.
Esta proporción no solo evidencia la magnitud del fenómeno, sino que coloca a Ecuador por encima del promedio regional (20%).
Incluso, mediciones alternativas mediante modelos econométricos como el Mimic estiman que el sector informal ha llegado a representar alrededor del 32% de la producción nacional en Ecuador, lo que confirma su peso estructural en la economía.
Este “agujero negro” fiscal implica una pérdida masiva de recaudación tributaria. En la práctica, más de una cuarta parte de la economía opera fuera del radar del Estado, limitando la capacidad de financiar servicios públicos, inversión social e infraestructura.
Menos impuestos, menos Estado: el costo fiscal de la informalidad en Ecuador
El estudio advierte que la informalidad genera una “masiva pérdida de base imponible”, lo que restringe los recursos públicos. Además, identifica una relación directa entre mayor informalidad, evasión fiscal y menor estabilidad institucional.
Esto implica que el problema no es solo laboral, sino estructural: menos ingresos fiscales reducen la capacidad del Estado para combatir la pobreza, invertir en desarrollo y sostener el sistema de protección social.
Tener trabajo no basta: la informalidad como fábrica de pobreza en Ecuador
De acuerdo con el INEC, un subempleado en el país gana, en promedio, $223,9 al mes; mientras una persona con otro empleo no pleno (otros tipos de informalidad) gana $200,4 mensuales.
En otras palabras, un informal en Ecuador tiene ingresos hasta 58% menos que el salario básico.
Por eso, el impacto más profundo de la informalidad no está en las cuentas públicas, sino en los hogares. La evidencia es contundente: la informalidad se ha convertido en el principal factor que explica la persistencia de la pobreza en Ecuador.
A diferencia de otras economías en las que el desempleo es el principal detonante, en el país el problema radica en la baja calidad del empleo.
Aunque el desempleo formal se mantiene bajo (3,2%), esto oculta una realidad más compleja: el 64% de los trabajadores está en la informalidad, con ingresos inestables, sin protección social y sin acceso a derechos laborales básicos.
En este contexto, tener trabajo no garantiza salir de la pobreza. A esto se suma que el subempleo alcanza el 20%, reflejando que una parte importante de la población trabaja menos horas de las que desea o en condiciones inadecuadas.
“La dinámica es clara y preocupante. La economía formal no logra absorber el crecimiento de la población económicamente activa, empujando a millones de personas hacia actividades de subsistencia”, explicó Andrés Rodríguez, economista.
Estas, a su vez, generan bajos ingresos, lo que perpetúa la pobreza y refuerza la desigualdad. El resultado es un círculo vicioso donde la informalidad no solo es consecuencia, sino también causa de la exclusión económica.
Este patrón se agrava por la desigualdad estructural. Con un coeficiente de Gini de 0,444 (INEC, junio de 2025), Ecuador mantiene niveles elevados de concentración del ingreso, lo que, según modelos econométricos (GMM) citados en el estudio, impulsa directamente la informalidad, mientras que el crecimiento del PIB per cápita actúa en sentido contrario.
La factura de la informalidad en Ecuador llega en la vejez
Las consecuencias se extienden a lo largo del ciclo de vida. En la vejez, los efectos son especialmente críticos:
- El 44% de las personas mayores de 65 años no recibe ingresos ni pensión, según la OIT.
- El 82% de los adultos mayores que aún trabajan lo hace en condiciones informales.
- El 58,1% de mujeres mayores de 65 años no tiene ingresos ni pensión, frente al 27,5% de los hombres, evidenciando una fuerte brecha de género acumulada.
Esto refleja una falla estructural del sistema de seguridad social, debilitado por una base reducida de cotizantes debido a la informalidad.
Baja productividad y falta de crédito: el freno al crecimiento que viene con la informalidad en Ecuador
Además, la informalidad limita la productividad y el crecimiento económico. Las unidades productivas informales tienen menor acceso a crédito, tecnología y capacitación.
Datos del Banco Mundial evidencian este problema:
Solo el 31% de micro y pequeñas empresas obtuvo crédito en el último año.
Apenas el 22% accedió a financiamiento al inicio de sus operaciones.
La falta de financiamiento impide escalar negocios, usar activos como garantía y mejorar productividad, lo que perpetúa la informalidad.
A esto se suma un problema menos visible: el desajuste entre educación y mercado laboral.
Aunque la educación superior mejora la probabilidad de acceder a empleo formal, más años de estudio no garantizan inserción laboral adecuada, debido a que la oferta educativa no responde plenamente a las demandas del mercado.
“En comparación con otras economías de la región, Ecuador enfrenta un desafío mayor: no solo tiene una economía informal más grande en proporción al PIB, sino que esta se encuentra más profundamente vinculada a la pobreza estructural”, acotó Rodríguez.
Así, la informalidad constituye una “trampa de desarrollo”, resultado de fallas estructurales, institucionales y productivas, más que de decisiones individuales de los trabajadores.
Romper este ciclo requiere algo más que reformas laborales aisladas. El desafío es integral: aumentar la productividad, reducir la desigualdad, mejorar el acceso al financiamiento, cerrar brechas institucionales y hacer que la formalidad sea más rentable que la informalidad.
De lo contrario, la economía invisible seguirá creciendo. Y con ella, también la pobreza.
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