El Banco Central Europeo (BCE) ha puesto datos a la sensación que muchos consumidores tienen al hacer la compra e ir a pagar en caja.
El organismo calcula que los precios de los alimentos han subido un 34% en España desde finales de 2019, año previo a la pandemia de coronavirus y a la invasión rusa de Ucrania.
Este último acontecimiento disparó el precio de la energía y de los fertilizantes, lo que a su vez derivó en una escalada de los productos de la cesta de la compra que se mantuvo hasta 2023.
En un artículo publicado en su página web, la entidad explica que «para llevar la comida a la mesa, los consumidores pagan aproximadamente un tercio más que antes de la pandemia», algo que afecta mucho más a los hogares más pobres, puesto que su gasto en alimentación representa un porcentaje más elevado del total. Esto implica, a la vez, que necesitan recortar más en otros gastos para equilibrar sus presupuestos.
«Si bien la inflación general se ha normalizado y actualmente se sitúa en el objetivo a medio plazo del 2% del BCE, la inflación alimentaria es mayor», añade el emisor del euro. En la entrada del blog el banco central apunta a que uno de cada tres consumidores de la Eurozona está preocupado por poder comprar los alimentos que desea. La entidad capitaneada por Christine Lagarde reconoce que los alimentos suponen un «reto» a la hora de garantizar la estabilidad de precios.
El organismo explica que ese objetivo se define en función del índice de precios general (IPCA), que muestra cuánto paga un hogar promedio con una cesta de consumo típica por pan, mantequilla, transporte, vacaciones y otros productos y servicios. «Todos estos pueden desglosarse en cuatro categorías generales: energía, servicios, bienes de consumo y alimentos», detalla, y añade que la ponderación asignada a los alimentos en la zona euro ronda el 20%, más del doble que la asignada a la energía.
La brecha entre los alimentos y otros bienes es mucho mayor
Aunque la inflación de la alimentación empezó a aumentar un poco más tarde que la tasa general tras la pandemia, alcanzó niveles mucho más altos, superando el 15% en su punto máximo. También tardó más en normalizarse. Los datos más recientes, de agosto de 2025, muestran que actualmente es la más alta de las cuatro categorías del Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA), situándose en el 3,2%. Este índice es la referencia que Eurostat toma para poder hacer comparaciones homogéneas sobre el comportamiento de los precios entre países.
Según explica la entidad, hay tres razones por las que los precios de los alimentos cobran especial interés. En primer lugar, porque la brecha que se ha abierto entre estos y los precios generales es «mucho mayor y más persistente que antes». En segundo lugar, porque los precios de los alimentos afectan a todo el mundo constantemente y, por lo tanto, también influyen en las expectativas de inflación. En tercer lugar, porque su aumento afecta con mayor intensidad a los hogares más pobres.