l resurgimiento de la peste porcina africana (PPA) en República Dominicana, en julio de 2021, marcó un punto de inflexión para la porcicultura nacional. Desde entonces, el sector ha experimentado una disminución sostenida en la producción de cerdos, lo que ha obligado al país a depender en mayor medida de las importaciones para satisfacer la demanda de carne de esta carne.
La historia reciente de la PPA en el país se remonta a 2019, cuando comenzaron a registrarse muertes inusuales de cerdos. Sin embargo, debido a la falta de diagnóstico oportuno y a las limitaciones impuestas por la pandemia, las muestras tomadas no fueron procesadas a tiempo. No fue sino hasta 2021 cuando los análisis confirmaron el retorno del virus, que ya había sido erradicado tras el primer brote en 1978.
Desde entonces, la enfermedad se ha declarado endémica y el Estado, a través de la Dirección General de Ganadería (Digega), ha implementado medidas de control, incluyendo programas de bioseguridad, monitoreo y compensaciones económicas a los productores afectados.
Reducción
Los datos del Ministerio de Agricultura evidencian el impacto de la PPA en la producción nacional. En 2015, República Dominicana producía 1.6 millones de quintales de carne de cerdo, cubriendo el 82% del consumo nacional. Para 2020, la producción alcanzó su pico con 1.7 millones de quintales, mientras el consumo rondaba los 2.3 millones de quintales.
Pero a partir de 2021, año en que se confirmó el brote, la producción cayó un 5.5%, reduciéndose a 1.6 millones de quintales, es decir, regresando a 2015. En 2022, el desplome fue más agudo con un descenso del 4.1% respecto al año anterior. Para 2023, la caída fue del 11.8%, situándose en 1.4 millones. En 2024, se produjeron 1,918 quintales más que el año anterior, pero ante un consumo de 3.1 millones, la participación local representó el 46%.
Este deterioro ha sido compensado con un aumento de las importaciones. De 459,639 quintales importados en 2015, se pasó a 1.1 millones en 2021 y casi 1.7 millones en 2024, lo que confirma que el país ya importa el 75% de la carne de cerdo que consume, según reconoció el presidente de la Federación Dominicana de Porcicultores (Fedoporc), Miguel Olivo.
La comunidad veterinaria tiene posturas claras. El presidente del Colegio Dominicano de Médicos Veterinarios, el doctor Huáscar Ariza, ha recomendado la erradicación total del hato porcino nacional y su posterior repoblación con animales libres de enfermedades.
Esa sería la única forma de eliminar, no solo la PPA, también otros patógenos que afectan al sector. “Ya se ha declarado endémica. Podemos erradicarla hoy aquí y mañana reaparece en otro lugar”, afirmó.
Gobierno
Desde el Estado, el director general de Digega, Abel Madera, reconoce que no se ha contemplado la despoblación, sino un enfoque en el control y mitigación. Señaló que el Gobierno ha indemnizado a los productores con más de RD$150 millones, y trabaja en fortalecer la bioseguridad de las granjas. De las 619 evaluadas, 32 han sido certificadas como bioseguras y otras están en proceso.
“El cambio cultural es clave. Las granjas deben adoptar normas estrictas. Control de acceso, higiene, desinfección, manejo de residuos y cercado perimetral. Es la única forma de reducir el riesgo de brotes”, aseguró Madera. En tanto, Olivo insiste en que la única vía realista es reiniciar. “Hay granjas que llevan hasta cuatro años cerradas”, aseguro. Planteó que no se puede repoblar hasta que no se controle la enfermedad.
El impacto de esta crisis no se limita a la producción. “No es solo el productor, es toda una cadena. Transportistas, fabricantes de alimento, fritureros, carnicerías… La PPA tiene un costo económico y también social”, sostuvo Olivo.
Además, según Fedoporc, más del 50% de las granjas grandes han sido afectadas y no han podido repoblar. A esto se suma la existencia de un número indeterminado de pequeños productores informales, sin registros ni controles sanitarios, que pueden representar un riesgo para los esfuerzos de contención.
El escenario actual impone una encrucijada al sector porcicultor. O bien se opta por mantener la estrategia de contención y esperar que las medidas funcionen a largo plazo, o se asume el sacrificio de reiniciar la producción nacional desde cero, tal como sucedió en 1978.
Olivo advirtió que el futuro del sector porcicultor dominicano luce sombrío si no se toman decisiones contundentes. A su juicio, el país se enfrenta a dos escenarios.
Una “muerte lenta” del sector o una solución drástica que implique eliminar toda la población porcina y repoblarla con animales sanos. De lo contrario, advierte, la producción continuará disminuyendo hasta quedar relegada a un rol marginal, limitado al consumo informal de cerdo asado y frituras, sin capacidad para suplir a gran escala la demanda de la industria nacional.
Diagnóstico
Desde que se notificó oficialmente la presencia de la Peste Porcina Africana (PPA) en julio de 2021, el Gobierno dominicano ha desplegado una serie de medidas para contener la enfermedad. Con apoyo del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), se fortaleció el diagnóstico rápido, logrando resultados en menos de 48 horas.
Según las memorias del Ministerio de Agricultura, hasta noviembre de 2022 se tomaron más de 45,000 muestras y se compensaron más de 4,400 productores afectados por el sacrificio de 173,000 cerdos. Además, se implementaron controles de movilidad, decomisos en aeropuertos y políticas de bioseguridad en granjas.
Fuente: El Dinero